Pagar por trabajar

Marek Wolfryd

De las tres o cuatro veces que he tenido el gusto de acompañar a Marek me parece que la mitad de las ocasiones pareciera que estoy elaborando alrededor de un montón de basura, tal parece ser que ésta no es la excepción. Aun así, no despreciemos la basura de primera mano únicamente por la relación inherente que tiene con aquello que ya no necesitamos.

No es nada nuevo que el peso material de un objeto se convierta en parte esencial de cualquier obra de arte y como dijo Tom Finkenpearl en su texto Sobre la ideología de la mugre: “los materiales sucios se relacionan directamente con el estatus socioeconómico de la mugre, una sustancia de poco o ningún valor y con su propia habilidad para controlar sus medios de producción”. Sabemos también que Interior 2.1 es un espacio destinado al arte en donde una serie de individuos jóvenes se reúnen ocasionalmente para -entre muchas otras cosas- controlar sus medios de producción con el fin de converger con otros en un sistema de industrias creativas/ culturales. Esto se repite cientos de veces en México y miles de veces alrededor el mundo. Sin embargo -y sin la pretensión de acusar a nadie de ingenuo- conocemos que los métodos de producción capitalista no saben honrar nuestros sueños, ilusiones y objetivos personales.

El dicho “pagar por trabajar” no es muy común fuera de quienes -pese a todos nuestros instintos- lo encarnamos día con día; artistas, escritores, críticos etc. La manada de quienes a todo vapor buscamos esos espacios en el asalariado cultural o la comercialización de nuestros frutos, poniendo de nuestra parte los recursos económicos que difícilmente obtenemos de otras labores.

Ahora detengámonos un poco y analicemos el cuerpo que tenemos frente a nosotros encontremos en el instante de su presencia los momentos ajenos al tiempo que se guardan en sus pliegues. Si observamos detalladamente concederemos a la vista poco a poco las texturas, formas y estructuras que nos otorga la basura y las herramientas que se iluminan en esta sala. Estos son los residuos e instrumentos en materia activa (y sucia) que nos recuerdan el trabajo invisible que se escapa como tiempo entre los dedos. Sus fantasmas iluminados por las cenizas de un esfuerzo pasado reflejan lo necio y desequilibrados que somos quienes nos gusta crear para vivir y pagar por trabajar.

Victor Tilla

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