Una estrella es siempre una suerte de ruina
Mariana Paniagua

Entrevista para periódico Mural por Alejandra Carrillo.

Una estrella es siempre una suerte de ruina 

Mariana Paniagua 

Nunca podré hacer de mis pies el reflejo de la luna, si al agarrar la oscuridad con mis manos, desaparecen. 

 

Caminar en una noche sin luna es una acción de confianza espectral. En la tierra sin contornos se hallan los rumores latentes de lo vivo: un palpitar de lo que sabemos que existe. La noche es el espacio que alberga el pasado, una suerte de archivo universal que compila los espectros globales. En la tarea de la caminata ciega, Mariana Paniagua encuentra cobijo y vértigo en el deambular en las penumbras. La búsqueda de señales la lleva a ser una observadora de los fuegos del cielo como la historia del origen; el lugar donde hemos buscado en las constelaciones una escritura encriptada, la respuesta de la misma incertidumbre de la oscuridad.

 

Dicen que hay cosas que no vemos pero existen. Entonces, a quién podemos confiarles los nombres y la potencia de las cosas. 

 

Las preguntas de Paniagua surgen dentro de su mismo proceso de pintura como una caminata en el bosque nocturno, en momentos de observación, donde los objetos emergen de la oscuridad sólo cuando se encuentran demasiado cerca. Así, sus imágenes se convierten en una zona crepuscular, donde las respuestas se entrelazan con las dudas. Las mismas fuerzas que cruzan el cielo nos recuerdan que lo que parece estático es parte de movimientos milenarios que son tan grandes que se vuelven imperceptibles; esas masas del universo que afectan, irremediablemente, a lo que habita en la Tierra.

 

Dicen que una estrella es siempre una suerte de ruina.

 

En los pasajes ininteligibles de la noche, Mariana Paniagua distingue los trazados de la oscuridad, de lo inabarcable del mundo. Al tambalearnos en un paraje de objetos sin nombre ni contornos, la incertidumbre nos invade por el miedo al instinto. Añoramos la luna, la buscamos como el rebozo de la noche. La luz protectora en silencio, el reflejo que nos recuerda que el sol existe. En esa búsqueda, la sensibilidad de Mariana recae en distinguir la luz en la saturación de la noche y convertirse, brevemente, en una guía de las vicisitudes del cielo.

 

Dicen que las plantas crecen en la noche, pero en realidad sólo no las estamos viendo.

 

 

 

 

 

 

Antonia Alarcón 

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Y que ya no soy ni mi sombra I y II, 2021

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Y que ya no soy ni mi sombra, 2021

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Y que ya no soy ni mi sombra II, 2021

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La memoria de la memoria de la memoria ya perdida, 2021 

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Si mi cuerpo es tan débil que no puedo mirar el sol, 2021

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El último jardín, 2021

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Sin título, mixta sobre muro

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Sin título, Mixta sobre muro

Marise Maués 

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Una noche en la que no había nadie que soñara, 2021

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Mariana, toda bonita